¿Vas a reservar un masaje y no sabes por dónde empezar? Aquí tienes consejos claros y prácticos para que la experiencia sea segura, cómoda y respetuosa. No hace falta ser experto: con unos pasos simples reduces riesgos y disfrutas más.
Verifica la reputación del lugar o del profesional. Lee reseñas reales y busca fotos o webs que muestren licencia, formación o certificaciones. Si algo parece poco claro, pregunta directamente. Un profesional serio responde con transparencia.
Consulta sobre higiene y protocolos. Pregunta si usan camilla limpia, sábanas de un solo uso y geles o aceites abiertos frente a ti. La limpieza es básica para evitar infecciones y transmitir confianza.
Comunica tu historial médico y expectativas. Si tienes alergias, problemas cardiacos, embarazo o lesiones, dilo antes. También explica límites personales y qué buscas en la sesión para evitar malentendidos.
Pide consentimiento constante. El profesional debe explicar técnicas y preguntar si estás cómodo. Si algo duele o no te gusta, dilo. Estar callado no es aprobación; tu palabra vale.
Cuida la privacidad y el pago. Evita dar datos personales innecesarios, pide recibo y usa métodos de pago seguros. Si la sesión es a domicilio, confirma dirección y comparte la cita con alguien de confianza.
Si la sesión incluye prácticas sexuales o íntimas (masajes eróticos, nuru, etc.), asegúrate de que todo sea consensuado y explícito. Define límites, usa protección si aplica y evita el alcohol o drogas antes de la sesión.
Atento a señales de alerta: presión excesiva sin explicación, insistencia en actos fuera del servicio acordado, ausencia de identificación o retiro de ropa sin consentimiento. Si algo te incomoda, detén la sesión y sal del lugar si es necesario.
Para citas a domicilio, confirma la identidad del profesional por teléfono y pide fotos del lugar si no lo conoces. Mantén tu teléfono cargado y con batería, y no compartas contraseñas ni datos innecesarios.
Si eres embarazada, busca masajistas con formación en prenatal. Hay técnicas seguras y contraindicaciones claras; un profesional preparado sabrá adaptarlas y proteger tanto a la madre como al bebé.
¿Tienes dolor crónico o lesiones? Elige terapias específicas (fisioterapia, masaje deportivo, trigger point) y pide que el masajista consulte con tu médico si es necesario. Evita técnicas intensas sin supervisión profesional.
Al salir, evalúa cómo te sientes física y emocionalmente. Si notaste algo extraño, guarda pruebas (conversaciones, recibos) y denuncia si hubo abuso o fraude. Tu seguridad es prioridad.
Con estos pasos reduces riesgos y disfrutas más. Un masajista profesional respeta límites, explica procedimientos y mantiene higiene. Confía en tus sensaciones: si algo no cuadra, detente y busca otra opción.