Un masaje puede relajar, aliviar dolor y mejorar la circulación, pero también puede causar lesiones si no se hace con cuidado. Aquí tienes reglas claras y fáciles de aplicar, tanto si eres cliente como masajista.
Antes de la sesión, habla. Comenta antecedentes médicos, cirugías, embarazo, medicación y zonas sensibles. Si hay dolor agudo, fiebre o infección, no hagas masaje; consulta antes con un profesional de salud. Pregunta por la formación del masajista y qué técnicas usará.
Llega sin prisas y con ropa cómoda. Bebe agua antes y después para ayudar al drenaje linfático. Señala al masajista cualquier molestia durante el tratamiento: un “alto” a tiempo evita daños. Evita presión profunda en zonas inflamadas o recientes contusiones. Si tomas anticoagulantes o tienes fracturas recientes, necesitas autorización médica.
Durante el masaje, mantén la respiración tranquila y comunica cambios. Si notas hormigueo, adormecimiento o dolor que no cede, pide que reduzcan la intensidad o que cambien la técnica. Después de la sesión, camina despacio y estira suavemente: esto reduce rigidez y previene contracturas.
Cuida tu postura: usa piernas, no solo la espalda, para aplicar fuerza. Ajusta la camilla a una altura que te permita trabajar recto. Alterna manos y técnicas para no sobrecargar tendones. Calienta tus manos antes de empezar y usa lubricante adecuado; un gel de calidad facilita movimientos y protege la piel del cliente y la tuya.
Aprende a identificar contraindicaciones: heridas abiertas, fiebre, trombosis, infecciones cutáneas y algunos tipos de cáncer requieren evitar o modificar el masaje. Si dudas, pide permiso para contactar al médico del cliente o su consentimiento por escrito cuando sea necesario.
Mantén higiene y cuidado de la piel. Las uñas cortas y las manos hidratadas evitan pellizcos y rasguños. Si trabajas a domicilio, revisa el espacio: cama o sofá inadecuados aumentan el riesgo de posturas forzadas.
Si eres deportista o paciente con dolor crónico, integra masaje con ejercicios de fortalecimiento y estiramiento. Un plan combinado reduce recaídas y mejora la funcionalidad. No dejes el masaje como única solución cuando hay pérdida de fuerza o movilidad; acompáñalo con fisioterapia si hace falta.
Señales para buscar ayuda médica: dolor intenso que empeora, hinchazón que no baja, fiebre tras el masaje o sensación de adormecimiento persistente. Un profesional debe evaluar posibles lesiones musculares, neurológicas o circulatorias.
Consejo práctico: antes del masaje haz unos minutos de movilidad suave (rotaciones de cuello y hombros). Limita sesiones intensas a 45–60 minutos y deja 48 horas entre sesiones profundas para permitir la recuperación. Usa aceites o lubricantes de buena calidad y prueba la temperatura en la piel. Si aparece inflamación, aplica frío local 10–15 minutos y consulta. Los masajistas deben actualizarse cada año en técnicas y seguridad. salud segura.